Bitácora 14 - El Aprendizaje del Semestre

 

El aprendizaje del semestre:

Durante todo el semestre, el profesor Cobos nos ha enseñado muchas cosas, desde técnicas de investigación hasta los distintos tipos de investigaciones y los diversos investigadores que existen. De igual manera, nos enseñó diferentes fórmulas o tips para hacer entrevistas o conexiones más efectivas, ya sea en un contexto profesional o personal.

Si soy sincera, al comienzo del semestre no le tenía mucha fe a la clase; pensaba que iba a ser más demandante, especialmente si teníamos que hacer una sola investigación durante todo el semestre. Sin embargo, creo que de esa manera me habría aburrido mucho más. Me gustó mucho más la forma en la que enseña el profesor: a través de historias y luego con un quiz. Eso hace que esté mucho más atenta a las clases.

En primer lugar, me gustaría comenzar con lo que más cambió la manera en que interactúo con las personas. Les cuento que mi mamá es una persona extremadamente sociable; es alguien que le dice “hola” a una persona y, una hora después, ya hablan como si se conocieran de toda la vida. De hecho, siempre me han dicho que me parezco mucho a ella, pero no podrían estar más equivocados. Soy muy tímida cuando se trata de hablar con otras personas; cuando me hablan, muchas veces no sé qué decir o respondo con frases muy cortas, y la conversación no fluye, se vuelve incómoda y termina rápidamente.

Pero un día, en clase, Cobos nos explicó el concepto de rapport, que significa:

"El rapport es un proceso o técnica de comunicación que busca establecer una conexión emocional, psicológica y de confianza mutua entre dos o más personas, generando una relación de armonía, comprensión y sintonía. Esta conexión facilita la comunicación fluida y espontánea, basada en la empatía, el respeto y la confianza, lo que permite que las partes se sientan cómodas, comprendidas y seguras para compartir información."

Es un poco como tratar de hacer mímica. Ya sé que lo mencioné en la bitácora anterior, pero esto de verdad cambió mi vida. Comencé a tener conversaciones más fluidas, lo cual generó mayor profundidad en ellas. Terminaba hablando con mis amigos más cercanos sobre traumas familiares, y ellos también me hacían reflexionar sobre cosas que antes no veía tan claramente. Esto no solo fortaleció mis relaciones existentes, sino que también me permitió conocer nuevas personas. Si no hubiera sido por aplicar esta técnica, jamás habría formado ciertas amistades.

Recuerdo que un día, estando en mi casa, vi una entrevista a Trump y me di cuenta de lo importante que es aplicar este método. Tanto el entrevistador como el mismo presidente estaban haciendo el anti-rapport, y se notaba lo incómoda que era la interacción. Era tan incómodo que hasta yo, como espectadora, me sentí tensa. En ese momento entendí por qué el rapport es tan importante. Además, las respuestas de Trump eran muy cortas, sin detalles, lo cual restaba mucha profundidad a la conversación.

Otro concepto que me ayudó mucho fue el del metamodelo. El metamodelo es una herramienta de la Programación Neurolingüística (PNL) que consiste en un conjunto de preguntas diseñadas para indagar y recuperar información que no se expresa explícitamente en la comunicación, ya sea porque está oculta, omitida o distorsionada por la persona que habla.

¿Se han puesto a pensar cuántas veces al día dicen "no sé" como respuesta automática? O ¿cuántas veces alguien responde con un “no sé” y, al preguntar más, vuelve a decir simplemente “es que no sé”? Esto genera silencios incómodos, y uno termina cambiando de tema o dejando de hablar, lo cual puede ser frustrante. Al menos a mí me pasa mucho.

Sin embargo, al poner en práctica el #CobosChallenge, pude obtener respuestas más completas, con más detalles, y evitar tantas omisiones. Les voy a contar una experiencia que tuve con la hija de mi empleada. Durante Semana Santa, me encontraba en mi casa (Manizales), muy relajada en mi cuarto, cuando vi a Sandra pasar con una expresión muy triste. Decidí aplicar el metamodelo y empecé a hacerle preguntas, una tras otra. En un momento, ella se quedó callada (la verdad no recuerdo cuál fue la pregunta), y yo también guardé silencio. Después de unos segundos, se le aguaron los ojos y me dijo: “Yo creo que eso es bullying”.

La situación era la siguiente: uno de los grupos del colegio siempre le había puesto un apodo específico. Ella nunca supo por qué, simplemente lo aceptó. Pero ese día se dio cuenta de que ese apodo tenía relación con su físico. Creo que fue en ese momento cuando realmente comprendió lo que estaba sintiendo. No se imaginan lo mucho que me partió el corazón ver cómo una niña de tan solo 13 años se daba cuenta del maltrato que estaba recibiendo en el colegio. (No digo su nombre por respeto.)

En ese momento entendí la importancia de dejar de usar tanto el “¿por qué?” automático. Además, les cuento que el metamodelo es una súper herramienta para descubrir chismes... pero esa historia será para otro momento.

No crean que esto es todo lo que nos ha enseñado el profesor; son muchas cosas más, pero me atrevo a decir que estas dos son las que me llevaré conmigo siempre. De hecho, la clase pasada me gustó mucho, por ejemplo, el tip que nos dio el profesor para saber si le gustamos a un hombre, jajaja. Pero la de cómo descubrir mentiras, ¡ufff!, me encantó. De hecho, no sé por qué, pero usualmente yo siempre descubro las mentiras de la gente, ya sea porque es por el destino o porque son malas y me las encuentro o me entero por otras personas.

Creo que es algo que comencé a aplicar desde que salí de esa clase; se puede decir que me veo un poco obsesiva tratando de encontrar todas las red flags.


A lo largo de este semestre, más allá de haber aprendido técnicas de investigación, teorías o conceptos académicos, viví una transformación mucho más significativa: aprendí a conectar. Y no hablo solo de entrevistas o encuestas, sino de la conexión verdadera, esa que nace desde el respeto, la empatía y la presencia.

Antes de comenzar esta clase, me consideraba una persona tímida, poco hábil para establecer conversaciones profundas o incluso para sostener una charla casual. Pensaba que eso simplemente "no era lo mío", y que ser sociable era un rasgo de personalidad con el que no había nacido. Sin embargo, gracias al enfoque humano y cercano del profesor Cobos, entendí que la comunicación no es un talento exclusivo, sino una habilidad que se puede cultivar.

Conocer el concepto de rapport fue un antes y un después. Comprendí que muchas veces las barreras en nuestras relaciones no existen por falta de interés, sino por la falta de técnicas que nos permitan sintonizar emocionalmente con los demás. Aplicar el rapport me permitió romper ese hielo incómodo que tantas veces me paralizaba, y me llevó a conversaciones reales, honestas y transformadoras.

Luego, el descubrimiento del metamodelo me abrió los ojos aún más. Me hizo darme cuenta de cuánta información valiosa se pierde en el día a día porque no sabemos preguntar, o porque aceptamos respuestas vacías como “no sé” sin cuestionarlas. Esta herramienta me enseñó que detrás de cada palabra hay un mundo por explorar si nos atrevemos a ir más allá, con paciencia, sin presión y con verdadera intención de escuchar.

La experiencia con Sandra fue el momento en el que todo lo aprendido cobró sentido. Ese instante de silencio, esa pausa entre una pregunta y una revelación, me mostró el poder que puede tener una conversación bien llevada. Lo que comenzó como un simple “¿qué te pasa?” terminó siendo una oportunidad de sanación, de conciencia, de verdad. Y ese poder está al alcance de todos, si nos disponemos a mirar al otro con curiosidad genuina y compasión.

Hoy entiendo que comunicar no es solo hablar, y mucho menos imponer. Es escuchar, es observar, es dejar espacio para que el otro exista con libertad. Este aprendizaje no solo me cambió como estudiante, sino como hija, amiga, compañera y ser humano.

 



Técnica P.E.P



La situación en la que decidí aplicar esta técnica fue cuando me dirigía hacia Bogotá para verme con una amiga. No era algo que venía preparando, fue algo espontáneo; creo que lo decidí porque no la veía desde hacía unos meses, así que pensé que era la mejor oportunidad. Cuando comencé, no esperaba el silencio; tenía un poco de miedo a ese momento incómodo. Pero en la tercera pregunta decidí dejar esos cinco segundos de silencio. Fue tan, pero tan incómodo que parecía que mi amiga no sabía cómo reaccionar o qué hacer. Recuerdo que comenzó a mirar a todos lados. No solo eso, sino que de hecho empezó a hablar del mismo tema, pero dándome más detalles.


Mi amiga al principio estaba un poco nerviosa, como si no nos encontráramos; su cuerpo se veía un poco cerrado y su tono de voz comenzó un poco suave, como viéndose incómoda. Pero después de un tiempo y de las preguntas, empezó a sentirse más cómoda, como en los viejos tiempos.


En cuanto a mi percepción de la verdad en ese momento, cambió al darme cuenta de que la verdad no siempre se revela de inmediato ni en un ambiente cómodo. A veces, el silencio y la espera son necesarios para que la otra persona procese sus pensamientos y se sienta segura para expresarse con sinceridad. Esto me hizo entender que la verdad puede estar oculta tras la incomodidad inicial y que la paciencia y la escucha activa son claves para descubrirla. Además, la experiencia reforzó la idea de que las amistades, aunque puedan tener momentos de distancia o tensión, pueden recuperarse y fortalecerse con tiempo y voluntad, permitiendo que la verdad y la confianza resurjan gradualmente.


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