De Mal a Peor - Semana 12
Esta bitácora no va a ser como las demás. Comencemos desde el principio.
El jueves antes de Semana Santa tenía clase de Investigación Social a las 7 de la mañana. La verdad, no tenía muchas ganas de ir; de hecho, pensé en saltármela. En la noche me llegó un mensaje que cambió completamente mi día siguiente.
Les cuento que me llegó una notificación de Bancolombia informándome que se había hecho un cobro de aproximadamente 200.000 pesos en mi cuenta. El asombro fue total, pues yo sabía perfectamente que no había hecho ningún pago ni compra por ese valor. Decidí que lo mejor era dormir y revisar al día siguiente en la mañana qué había pasado, ya que a esas horas de la noche realmente no podía solucionar nada.
Al otro día me levanté bien temprano, me arreglé, y antes de irme para clase revisé el celular. Para mi asombro, la compra había sido en un sitio llamado "DLOCAL". En mi vida había escuchado eso. En ese momento me invadieron sentimientos de rabia y angustia. ¿Cómo era posible que me hubieran robado semejante cantidad de plata? Lo primero que pensé fue: ¿Dónde me la clonaron? Empecé a repasar mentalmente dónde había hecho transacciones con la tarjeta que implicaran insertarla físicamente. La verdad, eran muchos lugares, y con certeza no podría saber cuál. Además, no creo que uno se dé cuenta: la tecnología que usan los ladrones debe estar un poco más avanzada de lo que imaginamos.
Igual me fui para clase, porque en ese momento no podía hacer mucho. Antes de entrar, decidí llamar a Bancolombia para reportar el robo y que me cancelaran las contraseñas y la tarjeta. Pero para mi asombro: ¡el PINCHE sistema estaba caído! (¿Nos sorprende? La verdad, no. ¿No les parece que cuando uno tiene que resolver algo, siempre se cae el maldito sistema de Bancolombia? ¡LO ODIO!). Me dijeron que llamara en cinco minutos, pero yo ya necesitaba entrar a clase, así que no tuve chance. Me tocaba después de clase.
La verdad, no me pude concentrar mucho. Solo pensaba en el problema y en el ijuemadre ladrón que quién sabe qué se compró CON MI PLATA. ¡Los odiooo! Pero bueno, fue la misma dinámica de siempre: leer unas bitácoras y después la presentación del profe.
El tema fue sobre las claves de acceso ocular, que tratan de:
Los movimientos involuntarios que realizamos con los ojos al procesar información, y que permiten identificar el tipo de pensamiento o sistema representacional (visual, auditivo o kinestésico) que una persona está utilizando en un momento dado.
Este concepto es fundamental en la Programación Neurolingüística (PNL), donde se ha observado que la dirección en la que una persona mueve los ojos puede indicar si está recordando o construyendo imágenes, sonidos o sensaciones.
Yo alguna vez había escuchado algo sobre eso, pero no el nombre. Solo sabía que a veces, dependiendo de hacia dónde miras al hablar o pensar, eso puede significar algo. Para mi sorpresa, eso se llama PNL. Al parecer, los movimientos oculares inconscientes no son al azar, ¡significan algo!
Visual: Movimientos oculares hacia arriba, asociados con la creación o recuerdo de imágenes.
Auditivo: Movimientos hacia los lados (a la altura de los oídos), relacionados con sonidos o diálogos internos.
Kinestésico: Movimientos hacia abajo, vinculados a sensaciones físicas, emociones o diálogo interno.
Luego llegó la hora del taller que el profesor nos puso. Consistía en salir y hacerle unas preguntas a alguien observando el movimiento de sus ojos. Profe, de verdad lo intenté, pero mi mente estaba en otra parte. Volví a llamar a Bancolombia y me dijeron que todavía no se podía solucionar nada porque el sistema seguía caído. Yo solo dije: ¿TODAVÍA? El señor, muy respetuoso, me comentó que si era urgente debía ir a una sucursal física. ¡Pues obvio que era urgente! ¿Cómo iba a dejar que me siguieran robando? ¡Obviamente no!
Así fue como regresé a clase, aburrida y más estresada que nunca. Al acabar la clase, caminé lo más rápido posible a mi casa para agarrar la billetera y dirigirme al centro comercial Fontanar, a la sucursal de Bancolombia. Había una yjuemadre fila. Estaba lleno. Tomé mi turno y me senté a esperar. Ya sabía que sería largo. Díganme ustedes: ¿cuándo han ido al banco a solucionar algo y los atienden rápido? ¡NUNCA!
Al frente mío había un señor hablando por teléfono, parecía de trabajo por lo que pude escuchar. Recuerdo que me concentré mucho en sus ojos; solo quería ver si lo que vi en clase era verdad. Yo diría que me concentré tanto que hasta era raro. En un momento alguien le preguntó sobre unos papeles y él empezó a decir: mmm... mmm... creo que están en mi escritorio. Inmediatamente sus ojos se fueron hacia arriba, como tratando de recordar. Me pareció sorprendente. En otro momento le preguntaron que dónde estaba y él dijo: nooo, acá en camino a mi casa, y de una vez miró hacia abajo cuando dijo esa mentira.
Después de unas largas dos horas, ¡por fin era mi turno! Llegué al counter y le expliqué la situación a la señora. Recuerdo muy bien que mientras le contaba todo, sus ojos miraban hacia abajo y a la izquierda, lo cual se asocia al diálogo interno. En ese momento me causó un poco de intriga. ¿Qué estaría pensando? De hecho, me concentré tanto en eso que dejé de hablar, y la señora me quedó mirando como diciendo: ¿ajá, y qué más? Entonces recapitulé y continué jajajaja.
Al final, todo salió bien. Me tocó sacar otra tarjeta y me devolvieron la plata, porque mi caso fue calificado como fraude. Porque les digo una cosa: ¡donde no me hubieran devuelto la plata, se armaba el bochinche!
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